Con la llegada del verano muchas mujeres experimentan una sensación de cansancio, apatía o falta de energía que suele describirse como «flojera». Aunque el calor juega un papel importante, en muchas ocasiones existen factores nutricionales que contribuyen a esta situación y que pueden pasar desapercibidos.
Si notas que te cuesta más rendir en el trabajo, entrenar o simplemente afrontar el día con normalidad, merece la pena revisar algunos aspectos de tu alimentación e hidratación.
La deshidratación: la causa más frecuente
Durante el verano aumenta la temperatura corporal y el organismo responde incrementando la sudoración para disipar el calor. Este mecanismo es esencial para mantener una temperatura adecuada, pero también provoca una mayor pérdida de agua.
Incluso una deshidratación leve puede provocar:
- Sensación de cansancio.
- Dolor de cabeza.
- Falta de concentración.
- Disminución del rendimiento físico.
- Mayor percepción del esfuerzo.
El problema es que la sensación de sed aparece cuando ya existe cierto grado de deshidratación, por lo que no siempre es un indicador fiable.
¿Qué puedes hacer?
- Mantén una hidratación regular durante todo el día.
- Lleva siempre una botella de agua contigo.
- Incrementa el consumo de frutas y verduras ricas en agua como sandía, melón, melocotón, tomate o pepino.
- Si realizas ejercicio o sudas mucho, presta especial atención a la reposición de líquidos.
La pérdida de electrolitos puede aumentar la fatiga
Cuando sudamos no solo perdemos agua. También eliminamos minerales esenciales conocidos como electrolitos, entre los que destacan el sodio, el potasio y el magnesio.
Estos minerales participan en funciones tan importantes como:
- La contracción muscular.
- La transmisión nerviosa.
- El mantenimiento del equilibrio hídrico.
- La producción de energía.
Cuando las pérdidas son elevadas pueden aparecer:
- Debilidad muscular.
- Calambres.
- Sensación de agotamiento.
- Fatiga durante el ejercicio.
- Recuperación más lenta.
¿Qué puedes hacer?
- Incluye frutas y verduras variadas cada día.
- Consume alimentos ricos en potasio como plátano, aguacate, kiwi o patata.
- En situaciones de mucho calor o ejercicio prolongado puede ser útil utilizar bebidas con electrolitos.
Comer menos en verano puede pasar factura
El calor suele disminuir el apetito y muchas personas reducen de forma involuntaria la cantidad de alimentos que consumen.
Además, es frecuente recurrir a dietas rápidas para «llegar al verano» o compensar excesos previos.
Cuando la ingesta energética es insuficiente, el organismo dispone de menos combustible para desarrollar sus funciones diarias.
Las consecuencias pueden incluir:
- Falta de energía.
- Sensación de debilidad.
- Mayor hambre por la tarde o la noche.
- Pérdida de masa muscular.
- Menor capacidad de recuperación.
¿Qué puedes hacer?
- Prioriza comidas ligeras pero completas.
- Incluye una fuente de proteína en cada comida.
- No bases tu alimentación únicamente en ensaladas o fruta.
- Asegura una cantidad suficiente de hidratos de carbono si realizas actividad física.
7 consejos nutricionales para combatir la flojera en verano
1. No esperes a tener sed para beber agua.
Mantén una hidratación constante.
2. Empieza el día bien hidratada.
Un simple vaso de agua al levantarte puede ayudar más de lo que parece.
3. Incluye proteína en cada comida.
Ayuda a mantener la masa muscular y favorece la saciedad.
4. No elimines los hidratos de carbono sin motivo.
Son la principal fuente de energía para el organismo.
5. Aumenta el consumo de frutas y verduras de temporada.
Aportan agua, vitaminas, minerales y antioxidantes.
6. Revisa posibles déficits nutricionales.
Especialmente hierro, vitamina B12 y vitamina D.
7. Adapta la alimentación a tu nivel de actividad física.
Cuanto más entrenes y más sudes, mayores serán tus necesidades de hidratación y recuperación.
Conclusión
La sensación de flojera que muchas mujeres experimentan durante el verano no siempre se debe únicamente al calor. Factores como la deshidratación, la pérdida de electrolitos, una ingesta insuficiente de energía o déficits de nutrientes como el hierro, la vitamina B12 o la vitamina D pueden contribuir significativamente a esa falta de energía.
Una alimentación equilibrada, una hidratación adecuada y una valoración nutricional individualizada son herramientas clave para disfrutar del verano con más vitalidad, mejor rendimiento y mayor bienestar.
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